La invasión de la bandeja de poliestireno

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Las bandejas blancas de poliestireno inundan los supermercados españoles, y los hogares. Productos frescos como carne, pescado, fruta y alimentos listos para ser cocinados llegan en bandeja blanca hasta casa, para complicar aun más la separación de los desechos y colmatar antes de tiempo los cubos de la basura. ¿Hasta dónde llegará el fabuloso despliegue de la industria de los envases de un solo uso?

Mientras que el alcalde de Nueva York ha anunciado que a partir del 1 de julio comercios, tiendas y fabricantes no pueden vender los artículos con este plástico espumado, en España vive momentos de auge como envoltorio de alimentos. La decisión del Ayuntamiento de Nueva York es sorprendente, puesto que este material se usa ingentemente en la comida en la calle o en las cadenas fast food (vasos de café, recipiente de hamburguesas), en platos… 

En sus escuelas se usan 830.000 bandejas al día de comida con plástico espumado. El alcalde, Bill de Blasio, ha esgrimido que “estos productos causan un daño ambiental real”. Alega que este producto ni se reutiliza ni se recicla. Nueva York es incapaz de hacer frente a las 30.000 toneladas de residuos de poliestireno al año que se acumulan como desperdicios. En el esquema de recogida y tratamiento de basura neoyorquino, los envases de poliestireno no encajan. 

“No deberían ser permitidos”

No hay plantas de reciclado que lo procesen para fabricar material nuevo. Mientras, en España, el poliestireno atraviesa su edad de oro, aunque su omnipresencia despierta recelos y genera detractores. Algunos ven en su éxito la punta de lanza de una nueva modalidad del usar y tirar, otro hito del envase de un solo uso que condena al ciudadano a ser gestor cualificado de residuos en casa.

“Envases como este no deberían ser admitidos. No son biodegradables ni reciclables, suponen un consumo desorbitado de recursos naturales y generan residuos de forma insostenible”, dice Víctor Mitjans, director de estudios de la Fundació per la Prevenció dels Residus. Es el mismo debate que causó la proliferación de las bolsas de plástico de un solo uso. “Debemos dejar de utilizar elementos de envasado superfluos y sustituirlos por elementos reutilizables o, como mínimo, fácilmente reciclables”, añade. 

Réplica de la industria

El poliestireno ha tenido un gran éxito porque es un buen aislante térmico; y, además, es resistente. Su inconveniente es el reciclado: el 98% de su composición es aire. La industria española rechaza, no obstante, que la situación de Nueva York pueda equipararse a la de España. “El poliestireno, técnicamente, es fácilmente reciclable; otra cosa es que en Nueva York no quieran implantar el sistema de recogida selectiva porque hay que invertir dinero”, indica Raquel López, directora de la Asociación Nacional de Poliestireno Expandido (Anape). 

Contenedor amarillo

En España, los envases de poliestireno, como son plástico, deben ser depositados en el contenedor amarillo (envases ligeros plásticos, latas y briks), pues sus fabricantes están adheridos al sistema integrado de gestión de envases del punto verde (Ecoembes), recuerda Teresa Martínez, directora general de Cicloplast.

Anape distingue entre poliestireno expandido (EPS), representado por las típicas perlas de embalaje en electrodomésticos (porexpán, extendido en el uso comercial-industrial, pero poco en alimentación), y el poliestireno extruido, usado en bandejas de corcho blanco y otros recipientes (sector doméstico).

Reciclado en España

En España, en el 2013 se recicló 4.685 t de poliestireno expandido; pero no hay datos sobre el reciclado de poliestireno extruido (bandejas…). Su destino final tal vez dé una explicación… El poliestireno depositado que pasa por el contenedor amarillo es clasificado y seleccionado en plantas de separación (como el resto de los materiales), pero se junta en el paquete de plástico mixto. Luego, una vez fundido y convertido en granza (nueva materia prima), se mezcla con plástico virgen para fabricar materiales plásticos nuevos, explicaIsidro Cañaveras, jefe de calidad de la fábrica recicladora Poliespor (l’Arboç, Tarragona). 

“El poliestireno de las bandejas se recicla, mejor si el producto es monomaterial, o peor si se combina con otros materiales”, admiteRaquel López, de Anape.”Y si no, se destina a la incineración con recuperación energética”, añade. “Es una inmejorable fuente de energía”, subraya Anape. Víctor Mitjans sentencia: “Técnicamente, pueden decir que son reciclables, pero en la práctica no hay flujos suficientes que hagan rentable su reciclado”.

El 80% del poliestireno que se recicla procede del sector comercial e industrial, pues se dispone de una red de recuperadores para llevarlo a fábricas de reciclado (centros ECO-EPS coordinados por Anape). Por ejemplo, Knauf (Vilafranca del Penedès) lo reaprovecha para fabricar aislamientos térmicos en la construcción, entre otros productos. “Es preferible plástico concentrado; por eso son tan buscados los tapones de las botellas “,apunta Cañaveras. Demasiado aire para reciclar en las bandejas blancas.

La Generalitat planea reducir su uso

Josep María Tost, director de la Agència de Residus de la Generalitat, admite que el poliestireno tiene una “difícil reciclabilidad”. “Es difícilmente recuperable. Deberíamos tender hacia su sustitución por cartones compostables, por ejemplo”, indica. El programa de residuos de Catalunya prevé para el 2016 hacer un estudio para establecer objetivos de reducción de su uso, como se ha hecho con éxito para las bolsas de plástico comunes de un solo uso.

En Catalunya, desde hace unos 7 años, en la mayoría de las deixalleries municipales (puntos verdes) ya no se recoge desde que las empresas gestoras dejaron de pagar por esta fracción, añade Tost. No obstante en las deixalleries con más capacidad de almacenamiento, aún se sigue recogiendo de manera diferenciada; pero se exige como mínimo hacer acopio de 5 a 7 metros cúbicos, y la empresa gestora se hace cargo del transporte sin que hay un sobrecoste para el Ayuntamiento. “El gran problema que hace que se encarezca la gestión de este residuo es su poca densidad”, repite también Josep Maria Tost.

Preocupaciones por su impactos en la salud

Miquel Porta, investigador y catedrático de salud pública del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM y UAB), se muestra por su parte preocupado por los efectos que puedan tener estos materiales en la salud. “En el cuerpo humano el estireno se convierte o metaboliza principalmente en óxido de estireno-7,8, que es cancerígeno y disruptor endocrino”, señala Porta.

La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) ha clasificado el óxido de estireno en el grupo 2A, un probable carcinógeno humano. La toxicidad materna y el aumento de la mortalidad fetal se han observado en ratas y conejos expuestos al óxido de estireno por inhalación. Varios estudios han observado una mayor incidencia de tumores en ratas y ratones, pero no existe información disponible sobre la exposición crónica (a largo plazo) en humanos, o los efectos reproductivos, sobre el desarrollo o el riesgo de cáncer del óxido de estireno en los seres humanos. 

Por eso, Porta estima que esa ausencia de investigación sobre los efectos de la documentada exposición diaria y crónica en las personas es “lamentable”. Los partidos que nos gobiernan “han demostrado poco interés por conocer y controlar tales exposiciones y efectos. Ya veremos si los partidos emergentes dicen algo sobre ello en sus programas electorales”, señala.

El propio estireno, sin metabolizar, es un débil agente genotóxico, pero tal y como nos recuerda el catedrático, se han descubierto aductos de estireno en linfocitos de trabajadores. En consecuencia, para Miquel Porta “las comodidades que nos aportan los estirenos no nos salen ‘gratis’: es probable que nos estén pasando una ‘factura’ grave en términos de cáncer y de enfermedades endocrinas y metabólicas”.

Por tanto, Porta propone que se prioricen otras alternativas a este material (por ejemplo, bandejas de aluminio, vasos de vidrio), ya que a su juicio iniciativas como la adoptada en Nueva York y otras ciudades demuestran que existen alternativas.

Publicado por La Vanguardia.

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