¿Y qué hago si el contenedor está lleno?

La mayoría dejamos la bolsa con cartones o envases fuera, pero este gesto echa por tierra el buen hacer en casa separando los residuos. Este artículo de opinión, publicado en La Vanguardia y firmado por el experto naturista José Luis Gallego, trata este tema para que, además de conciencia en el domicilio, apliquemos sentido común de responsabilidad ciudadana a la hora de llevarlos a los contenedores.

Reciclaje y sentido común

La escena sucede en una céntrica calle de Barcelona. Frente a una isla o agrupación de contenedores de residuos una joven intenta introducir una bolsa de basura llena de envoltorios de papel y cartón en el contenedor azul. Pero como está completamente colapsado no puede y decide dejarla fuera, sobre unas cajas previamente abandonadas y que empiezan a acumularse sobre la acera.

Hace años que defiendo la idea de que separar nuestros residuos en casa por materiales para depositar cada uno en su contenedor es una de las mejores contribuciones que podemos hacer a favor del medio ambiente. Ese esfuerzo ciudadano es el gesto básico que permite la recuperación y el reciclaje de cada material, haciendo posible que hoy en día los residuos no sean basura.

Desde esa condición de entusiasta del medio ambiente y defensor del reciclaje, y llevado simplemente por el interés, me atrevo a preguntarle a la joven si el resto de los cartones también son suyos, si lo ha llenado ella. Y entonces me explica que no, que quien suele llenarlo hasta los topes es un comercio de alimentación cercano. Algo demasiado común.

A partir de ahí cada ciudadano que ha llegado al contenedor y lo ha visto lleno ha ido dejando sus cajas y cartones (algunas de tamaño industrial como se ve en la foto) sumándose a la fiesta del abandono.

Y digo abandono porque dejar los residuos fuera de los contenedores no es reciclar. Como se puede observar en la imagen la acumulación de materiales era tal que apenas quedaba espacio para que los peatones pudiéramos transitar por la acera. En el caso de que una persona con un carrito de bebé o con movilidad reducida llegase hasta allí se vería obstaculizada por ese montón de cajas.

No cabe duda de que lo que impulsó a quienes habían abandonado allí sus residuos al ver el contenedor lleno era un buen propósito: propiciar su reciclaje. Pero en cambio lo único que habían logrado con ello era ocasionar un serio problema de seguridad vial.

Un pequeño esfuerzo por el bien de todos

Lo dejaré aquí fuera –debieron pensar- y cuando vengan los del camión ya se apañarán. Error. Eso no funciona así. No es posible que cada camión de recogida vaya acompañado de una brigada de operarios para recoger todo lo que se acumula alrededor de los contenedores. Es de sentido común. Es que para eso precisamente están los contenedores.

Por eso nunca debemos actuar de ese modo ya que, a pesar de nuestro noble propósito, finalmente resulta peor el remedio que la enfermedad. Además, a la vuelta de la manzana había otra isla de contenedores con el de color azul vacío. ¿Tanto costaba andar medio centenar de metros para depositar correctamente los cartones dentro de él?

Bueno, estas son las pequeñas cosas en las que hay que seguir mejorando. Los datos sobre participación ciudadana en la recogida selectiva de residuos son muy alentadores, más del 80% de los ciudadanos afirman separar las basuras en el hogar para depositar cada residuo en su contenedor correspondiente. Gracias a ello estamos recuperando ya más del 70% de los envases fuera de uso. Excepcional.

Ahora lo que queda es que a la hora de depositar nuestros residuos convenientemente separados en su contenedor apliquemos entre todos un poco de sentido común y de responsabilidad ciudadana al proceso. Solo así se podrán evitar situaciones como la que les acabo de describir y que se repiten a diario en todas las ciudades y pueblos. Se trata de ayudar al medio ambiente desde el respeto a la convivencia y al correcto funcionamiento de nuestras ciudades, algo que en buena medida está en nuestras manos.

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